En ese instante la oscuridad me absorbía por causa del dolor y la soledad. Todo era gris, y aquel arcoíris de promesas se había esfumado, quitando los colores de mi vida….
Cada uno de ellos me abandonaba lentamente.
Los días pasaban y la brocha de felicidad ya no daba pinceladas. El dolor partía mi alma y la soledad me cegaba, solo quería huir…. Pero me era imposible. El poder que tenían ambas era tan fuerte, que salir de entre sus manos era inimaginable.
Ya quedaba poco para el fin, pues mis ojos entreabiertos veían esa luz de paz tan anhelada, y fue ahí, en el ultimo momento de mi agonía, que exclame con mis ultimas fuerzas“!ayúdame!”.
En un abrir y cerrar de ojos sin entenderlo, volví a sentir esa luz…. Luz de paz que nuevamente me rodeaba.
El dolor y la soledad se diluían en el manantial de vida que nuevamente sentí fluir en mí. La oscuridad con sus manos de hierro no pudieron tocarme y al fin había encontrado algo mas fuerte; la luz, ese resplandor que invade incluso el lugar mas lúgubre, que da vida y abre los ojos y con ello, ver lo bello de la vida…. Volvieron los colores y día a día venían esos sutiles toques de felicidad que casi extermine por completo de mis recuerdos y nuevamente se construía el arcoíris de promesas, pero esta vez para quedarse y permanecer para siempre…. En mi nueva vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario